sábado, 24 de enero de 2015

Fernando Sor y Macharaviaya (2)

El Archivo Histórico Nacional guarda un curioso documento: el informe fiscal que desvela que el joven Fernando Sor, fue procesado -como tantos intelectuales, heterodoxos e incluso santos- por la Inquisición. Se le acusó de un delito de "expresiones" que en el argot inquisitorial comprendía blasfemias y burlas a la religión. La instrucción del caso tuvo lugar cuando era Administrador de la Real Fábrica de Naipes de Macharaviaya, aunque los hechos denunciados eran anteriores.

Fernando Sor
El proceso tuvo lugar en 1806, cercano ya el final de la Inquisición (por lo tanto no imaginemos una cámara de torturas, sino un simple proceso con testigos). Dicho proceso nos permite conocer la identidad de diversos miembros de la sociedad macharatunga que declaran sobre la conducta de Fernando Sor. Es, por consiguiente, también un documento de la historia del pueblo. De su lectura se deduce que más que un blasfemo, Fernando Sor era un joven locuaz, ingenioso y algo inconsciente con ganas de impresionar con sus comentarios, sobre todo a las damas.

La denuncia parte de don Vicente Álvarez, médico titular de Casarrubios del Monte, en Toledo, cuya residencia frecuento Fernando Sor en 1803 cuando tenía unos 21 años. En tertulias tras la cena le oyó decir que había un ser superior, pero no creía por seguros cielo, infierno, ángeles y demonios, "que Moises y J.C. eran unos politicones y que todo era invento de frailes". 

El delator advierte que al decir estas cosas Fernando Sor estaba enfermo “con una debilidad esencial y con un calor ardiente en el celebro (sic)”. Además las conversaciones fueron después de cenar o almorzar, y bebía bastante vino, “y aunque no podía decir si estaba completamente embriagado, pero sí se le contemplaba acalorado y chispeado”.

Que, además el médico de Casarrubios no hizo mucho caso, puesto que al aumentar el mal:
“...le oía clamar Jesús mío, encomendarse a la Virgen con mucho fervor, ir a la Misa los días de precepto, y aún enardecerse con los sacerdotes que le parecía no celebraban con la devoción que requiere el Sacrificio; que todas estas circunstancias hacían ver al delator que el reo hablaba fuera de sí cuando dijo sus expresiones, y que quería hacerse el erudito sin saber que hablaba; pero que habiendo consultado con su confesor le había mandado hacer esta delación y lo hacía en prueba de su obediencia".
Corroboran las declaraciones la esposa, cuñada e hija del médico, añadiendo alguna que Fernando Sor se refirió a la Santa Misa como "el juego de los cubiletes"; o "que iba a misa pero no rezaba el rosario, que le parecía una cosa tonta. Pero que la salve le gustaba mucho".

Declara también don Agustín Esteve, pintor de cámara del Rey Carlos IV,  quien dijo que recordaba algo de esas expresiones “pero que no tenía motivo ni dato seguro para formar mal concepto de él y que solo le pareció un joven alegre y divertido”.

Se requiere informe a los párrocos de los pueblos en los que ha residido Fernando Sor. La declaración más trascendente es la del párroco de Macharaviaya, quien informó el 18 de julio de 1806:
"que le trató muy poco, que no le había oído decir nada que fuera directamente contra la Santa Religión, y solo le notó alguna ligereza en la Iglesia. Esto opinaban los vecinos, y formaban juicio de que era propiamente un libertino. Pero que un vecino había oído expresiones heréticas y dudas de la existencia real y corporal de Nuestro Señor J.C.  en el Sacramento y de la pureza de María".
Dicho vecino resultó ser doña María de Prada, viuda de don Carlos Solesio, de 22 años y actualmente casada con el médico de dicha villa. Quien llamada a declarar, afirmó que en 1804, estando en la fábrica de naipes presentes don Braulio Fernández y su esposa doña Bonifacia Solesio, al preguntar a Fernando Sor si venía de confesarse, "dijo que se había tomado el torrezno entendiéndose por la Sagrada Eucaristía". Y que además "leía a Volter" (sic).

Citados los testigos, Braulio Fernández (director de la Real Fábrica de Naipes y yerno de Félix Solesio) y su cónyuge Bonifacia Solesio, declararon al tribunal inquisitorial que no habían oído nada de eso. 

El 28 de noviembre de 1806 el propio Fernando Sor es interrogado por la Inquisición en Málaga. Dijo ser cristiano, católico, apostólico y romano; mostró conocer bien la doctrina y afirmó que su última confesión la hizo en Macharaviaya.


Se registran sus papeles y libros en Málaga y en Macharaviaya, y se encuentran libros de música, matemáticas y uno de santificación. Y los siguientes ejemplares: segundo tomo de los cantos de Abelardo y Eloísa; La vida de Federico, Barón de Trenck; Contes Moraux por Jean-François de Marmontel, "pero también es de advertir que se halla entre ellos el Nuevo Testamento de Nuestro Señor Jesucristo en francés y otro librito titulado Guía de pecadores".

Se interrogó de nuevo a doña María de Prada y afirmó que:
"las palabras que le causaron algún escándalo, siempre las tuvo en tono de chanza y por su genio y carácter demasiado vivo y alborotado, y la demasiada familiaridad que con ella tenía; que no podía asegurar que las personas presentes oyeran las expresiones porque por lo regular las chanzas y bromas del reo eran con la declarante”
En definitiva, que el testigo "de conciencia cabal" no era más que una jovencita con la que Fernando Sor había flirteado en Macharaviaya.

A petición de Fernando Sor se piden informes a don Pedro de Aguirre, cura que fue de Macharaviaya, y a don Juan González, beneficiado de la Iglesia Parroquial de Macharaviaya.

Edificios que conformaron la Real Fábrica de Naipes, y la iglesia parroquial al fondo
El sacerdote Pedro de Aguirre da excelentes informes sobre Fernando Sor, aunque aclara que no tenía mucha intimidad, puesto que el reo "paraba poco en Macharaviaya" y no siempre que iba se veían, pero sí considera que tiene "unos sentimientos muy hermosos, pues lo había visto lastimarse de las miserias del prójimo y aún socorrerle en alguna tal cual necesidad"  y lo consideraba un buen cristiano. Únicamente le oyó decir que había leído la obra de Voltaire y defendido a los filósofos modernos. Aclara que, con quien tenía amistad y confianza Fernando Sor en Macharaviaya, y con quien hablaba de libros, era con don Juan García Cano, preceptor de Gramática de la villa.

Comparece don Juan González, que no es el testigo pedido por el reo, sino otro sacerdote residente en un anejo de Macharaviaya (posiblemente Benaque) de igual nombre. Da también un testimonio positivo, al afirmar que estando moribundo el médico de Macharaviaya, que era amigo de Fernando Sor, y no pudiendo localizarse al párroco don Juan González Díaz, ni al Cura-ecónomo don Ignacio Martín, Fernando Sor fue a buscarlo para que le administrara los últimos sacramentos a su amigo. Añadió que sabía que el reo "era de genio suyo, alegre, chancero y aficionado a las hijas de Adán".

Concluye el fiscal que las declaraciones y testimonios de los sacerdotes han satisfecho en gran parte las dudas y que el reo debe abjurar de las expresiones inadecuadas. Trámite con el que, con toda probabilidad, quedaría cerrado este proceso.

Por otra parte Sor compuso a lo largo de su vida diversas obras musicales religiosas: motetes, misas, salves, rosarios. Incluído un motete recientemente hallado en la Abadía del Sacromonte, en Granada. Enlace

Su última obra fue de hecho religiosa, una misa compuesta a la muerte de su hija Carolina Sor, fallecida dos años antes que su padre.

Fuente Documental:
A.H.N.  INQUISICIÓN, Leg. 3726, Exp.220.
He manejado directamente el documento, que está en el índice PARES. Pero tengo conocimiento de la existencia de un artículo que ya estudia este documento:
JEFFERY B., "Fernando Sor nei guai con l'Inquisizione spagnola (1803-1806)", Revista Il fronino nº 159, 2012.

Fuente bibliográfica:
MONTERO MARTIN, C,, Real Fábrica de Naipes de Macharaviaya, un monopolio con América, s/f.

No hay comentarios:

Publicar un comentario